En muchas aldeas rurales, la caza se practica cerca de las viviendas, lo que representa un riesgo real tanto para las personas como para los caballos. Una bala perdida puede superar los límites de la zona de caza, convirtiendo un terreno aparentemente seguro en un espacio peligroso. En la aldea donde resido, el límite está a tan solo 200 metros. Los perdigones de escopeta, aunque se consideren seguros a esa distancia, pueden dispersarse y alcanzar diferentes alcances según el ángulo del disparo, el tipo de cartucho y el terreno. Por eso, estar tan cerca no garantiza seguridad; el riesgo sigue siendo alto. ¿Sería demasiado pedir 500 metros? Por mi experiencia personal, tristemente, creo que sí.
Los caballos, animales muy perceptivos, pueden reaccionar al peligro con nerviosismo o pánico. Sin embargo, esa sensibilidad no los protege de un accidente. En ocasiones, caballos y personas han resultado heridos o incluso muertos por disparos efectuados a corta distancia de zonas habitadas.
Durante los años en que tuve caballos, la temporada de caza siempre exigía rapidez. Apenas escuchaba un disparo, corría a buscarlos y llevarlos al establo, consciente de que una bala podía alcanzarnos en un instante, a ellos o a mí. Ellos confiaban y esperaban hasta que yo llegaba con las cabezadas y los ramales para emprender la retirada. Esa tensión constante me enseñó cuánto depende nuestra seguridad de la atención y la previsión, y cuán frágil puede ser la vida cuando convivimos de cerca con un deporte de riesgo.
La reflexión es clara: la seguridad de las personas y los animales en zonas cercanas a áreas de caza debe ser una prioridad. Evitar accidentes requiere medidas efectivas, distancia suficiente y, sobre todo, precaución constante. Porque, a pesar de los distintos gobiernos que han pasado por Galicia, nadie parece dispuesto a abordar este tema de manera decidida, por razones electorales y otros intereses que pesan más que la vida y la seguridad de quienes convivimos cerca del peligro.
En Galicia, se han registrado incidentes trágicos relacionados con la caza desde siempre: personas muertas, heridas y también ganado. Estos sucesos subrayan la necesidad de medidas de seguridad más estrictas y de una mayor conciencia sobre los riesgos de cazar cerca de las aldeas.
En otras palabras, aunque existan reglas para los cazadores y los terrenos, las medidas para proteger a los vecinos y al ganado doméstico son limitadas o prácticamente inexistentes. Después de las batidas, aunque haya personas o animales fallecidos, todo continúa igual.
María Liliana Carolo
Bailarina profesional
Autor

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