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El caballero de la alegre figura

De repente, se abrió la puerta y él apareció. Pequeño, curioso, inquieto y desenvuelto observaba a Kronos con mirada atenta. Miky, mi poni, salió del establo con un trote alegre, deseoso de conocer al recién llegado. Aún era un potro, pequeño pero valiente de espíritu —hasta hoy. La imponente presencia del caballo no lo inquietó; al contrario, le resultó divertido encontrarse con él. Quién sabe si alguna vez había visto caballos de cerca; él venía de un criador de ponis, y todo le resultaba nuevo y entretenido.

Tu feliz apariencia hizo más amables nuestros días, más amenas nuestras charlas y más apacibles las noches. ¿Qué habría sido del establo sin tu presencia mansa? ¿Qué habrían sido aquellas madrugadas sin tu compañía paciente?

Las horas oscuras del invierno se volvían más cálidas con tu carácter vivaz y tus pasos ligeros. Qué fortuna que llegaste. Qué dicha haber podido elegirte y que hayas aceptado que seamos tu familia.

Me encanta tu andar y a Kronos también le gusta; siempre va detrás de ti. Y yo, intentando vislumbrar cómo adueñarme un poquito de tu gracia infantil. Así viven mis sueños: en tus crines largas, en tu nariz suave, redonda y melosa.

Atento, noble, juguetón y de corazón fuerte…
Mis ilusiones de niña permanecen contigo a salvo, y aunque algún día la memoria me fallara, nunca podría olvidar tu pelito esponjoso ni tus orejas risueñas. Mi querido y dulce pony: el caballero de la tierna y alegre figura.

Miky poni

Quisiera ser poeta

Quisiera ser poeta para escribir de tus silencios las historias que guardas. Quisiera ser poeta para evocar los sueños que leo en tu mirada.

¿Qué tesoros custodian los poetas? ¿Qué caminos debo recorrer para encontrar su inspiración clara y trascendente?

No sé… quizá debería mirarte como lo haría un poeta y no como una danzarina. Quizá debería dejar de bailar al ritmo de tus cascos y escuchar su canción que me guíe hasta ese sendero.

Mientras tanto, escribo. Escribo para ti, bailo para ti y para mí.

¿Recuerdas la variación de Raymonda que tanto te gustaba? Cada vez que la escucho, me acuerdo de ti. Parecías entender cada uno de mis pasos. No dejabas de mirarme, igual que hago yo cuando me siento en un teatro.

Quisiera ser poeta para escribir los enigmas de un caballo, para leer su corazón, sus esperanzas, sus anhelos. Quisiera ser poeta, pero aprendí a bailar y a hablar sin palabras.

Tal vez, a tu lado, pueda encontrar ese rumbo misterioso; quién sabe si las hadas, una noche, me concedan ese don. Al fin y al cabo, las hadas son tus colegas y también las mías. Aunque parecen elegir tu presencia luminosa, por algún motivo que ignoro.

Yo también prefiero tu estampa brillante para bailar ante ella, y por si acaso, cuando llegue ese momento, tus ojos me guíen por esa senda milagrosa.

Entonces, ese día podré narrar con las palabras exactas la belleza de tu presencia y la virtud de tu alma.

A mi querido caballo: Kronos

El caballo viejo

Hay caballos que no necesitan nombre para ser grandes.

Un caballo viejo que fue fuerte y noble, que llevó muchas vidas sobre su lomo, y que ahora pasa sus días sin descanso, sin el cariño que merece.

No podemos cambiar lo que le pasa, ni buscar ayuda donde no hay puertas abiertas.

Solo podemos recordarlo con respeto y cariño, y desear que su alma encuentre paz.

Este post es para él.

A saber lo que piensa un caballo

Me giré para mirarte. Fue la última mirada que te eché antes de marchar. Quería retener un último instante, una imagen que se quedara conmigo. Tú me miraste también, aunque a veces es difícil saber lo que realmente piensa un caballo.

Aunque te conozca, haya dado lo mejor de mí y te haya sacado de tus angustias… a saber lo que piensa un caballo.

Es ese instante en que no sabes si girarte o no, si mirar o no. Pero lo hice. Porque nunca se sabe cuándo es la última vez. Aunque duela la incertidumbre, aún así lo hice.

Y te hice una foto. Quería inmortalizar tu mirada, tu energía, tu belleza. Sentí ese peso en el pecho, esa mezcla de sinsabor y lamento que duelen en las despedidas.

La luz del atardecer alumbraba tu cuadra.

Sabes que me fui, pero igual estoy. Sabes que me fui, pero que voy a volver. En realidad, no sé si lo sabes; o quizás sabes más que yo. Quién sabe si voy a volver… a saber lo que piensa un caballo.

Poema para mi poni

Camina el polvo dorado
por la marisma dormida,
y entre juncos y campanas,
una silueta distinta.

No es alazán de batalla,
ni corcel de doma altiva:
es un poni, dulce y firme,
que en su andar lleva la vida.

La Virgen, desde su trono
de oro, silencio y rocío,
ha mirado entre la gente
al que pidió con suspiros:

«Cuida de ellos, Señora,
de mi pequeño bendito,
y de todos los que llevan
en su lomo este destino».

Y la Virgen —que no olvida—
respondió sin voz ni grito:
lo puso en el cartel,
como se alza un suspiro.

Para que el mundo supiera
que el amor sin exigencias,
también es oído en cielo,
y bendecido en esta Tierra.

María Liliana Carolo


Las hadas

Mi hermoso Kronos, ¿por dónde se acercan a ti las hadas mientras yo duermo?
Las únicas hadas que conozco son las sílfides de Fokine, y no creo que existan otras. ¡Si Chopin supiera quiénes danzan al ritmo de sus partituras! Si comprendiera que sus preludios y nocturnos ya no son solo melodías de un pianista de salón.
Kronos, dime, ¿puedes oír las notas de Chopin como yo las oigo? ¿Ves tú a las hadas como yo las veo?
No sé, mi noble amigo, si las sílfides se enamoran de los poetas o si prefieren tus crines rojas y tu andar sereno. Tal vez ellas, como yo, no puedan resistirse a tu belleza y revolotean a tu lado porque encuentran en ti esa poesía ideal que las hace por siempre sublimes y eternas.

María Liliana Carolo
Bailarina profesional
Autor