Mis caballos rompen las mantas muy rápido; no hay una que dure demasiado. A veces me pregunto cómo puede ser, pero luego pienso que es porque están vivos, activos, libres. Cada manta que usan termina con marcas, desgarrones o manchas. No importa cuánto las cuide: poco a poco se van rompiendo, igual que pasa con tantas cosas que forman parte de nuestra vida diaria.
Pero justamente por eso, siempre hay una manta nueva esperando. El cuidado debe ser constante, y a veces hay que dejar ir lo viejo para poder dar lo mejor y permitir que llegue lo nuevo. He probado muchas marcas, modelos y colores, y también he aprendido a apreciar los pequeños instantes de vida que tienen estas mantas: trozos de tela, al fin y al cabo, pero un gran gesto de cuidado.
Hay que valorar las cosas y la función que cumplen. Me encanta sacarles fotos el primer día que las lucen. Al día siguiente, la manta ya estará sucia y no tendrá olor a nuevo; tendrá olor a caballo. Olor a cosas buenas, a momentos lindos, a cariño y nobleza… y también a suciedad, por supuesto. Pero ahí está la magia: lo nuevo y lo viejo, lo sucio que se puede limpiar, lo gastado que se puede renovar, el caballo que se deja cuidar y nosotros, que disfrutamos mimándolo.
Las mantas buenas son caras, aunque duren poco. Sepa el lector que sería imposible fabricar mantas irrompibles para caballos, aunque todo buen propietario las sueñe en secreto. Sí, es solo un sueño, algo que nunca ocurrirá. Y no podría ser de otra manera: una manta debe poder romperse en caso de que el caballo se enganche en algún lugar o, revolcándose, necesite librarse de ella.
Por eso las mantas no son irrompibles. Por eso deben romperse, lavarse, frotarse. Es parte de nuestro deber frente a tan gentil animal. Sí, ya sé que es un trabajo pesado y que hay quien lo retrasa, pero debemos recordar que, si vamos a tener un caballo y mantas, debemos asumir una responsabilidad absoluta sobre su uso. Una manta sucia puede transmitir parásitos y polvo a nuestros caballos.
Por eso amamos las mantas: porque son trozos de tela que cuidan de nuestros caballos y que, a su vez, nosotros cuidamos. Aunque tengan detractores, los dejaremos opinar con total libertad. Todos sabemos que los caballos cambian el pelo en invierno y lo pierden en verano, pero existen mantas para múltiples funciones. Recuerdo cuando hice un curso sobre mantas; al final, poco recuerdo de sus contenidos, pero sí de mi propia experiencia con ellas.
Si queréis contarme vuestras historias sobre mantas y peludos equinos, no dejéis de hacerlo.
María Liliana Carolo

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