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La importancia del vínculo con el caballo: más allá del cuidado físico

En el mundo de los caballos hay muchas cosas que deben estudiarse, aprenderse y comprenderse a través de la lectura, la observación y la enseñanza de grandes maestros. Eso es innegable. Pretender entender sin estudiar sería como querer leer un libro sin haberlo abierto nunca.

Pero más allá de esa obligación de aprender, la experiencia resulta fundamental. Cuando llegaron mis caballos a mi vida, era también la primera vez que tenía caballos en mi propio establo. No los había tenido antes bajo mi cuidado; ya había vivido frente a un hipódromo y crecido viéndolos constantemente. Aun así, por algún motivo que desconozco —tal vez un instinto, la educación recibida o una especie de gracia— siempre creí que todo caballo era bueno. En mi mente no cabía la idea de que existiera un caballo «malo».

Esa creencia me acompañó durante toda mi vida. Era algo que daba por hecho, sin justificaciones.

El día que llegó mi caballo, Kronos, después de circunstancias complicadas para él, seguía pensando de la misma manera: todos los caballos eran buenos, sin excepción. Y, de alguna manera, él acató mi punto de vista de inmediato. Me concedió la primera victoria sin objeciones. Eso, aunque sencillo, marcó el inicio de nuestra relación. Pensé que sería fácil establecer un vínculo, pero pronto comprendí que no siempre lo es. Para muchas personas, incluso tareas simples pueden resultar difíciles, no por falta de capacidad, sino por los prejuicios que cargan sobre el comportamiento equino.

Nuestra vida juntos se desarrolló con armonía, aunque no sin esfuerzo. Tuve que estudiar, informarme, leer y escuchar a personas con experiencia, para comprender lo que ya intuía: mi forma de pensar me había ayudado en gran medida.

No es un secreto: los caballos perciben nuestras intenciones y emociones. Pero, para que esa percepción funcione, uno debe ser sincero consigo mismo. Ser sincero con uno mismo es serlo también con el caballo.

Quizá la receptividad que tenemos los artistas facilita el vínculo, aunque no es infalible ni aplicable a todos. Siento que tuve la suerte de contar con esa creencia y, sobre todo, la fortuna de cruzarme con ese caballo que me acompañó en mi camino, que pudo confiar sin miedo y aceptar mis corazonadas sin resistirse. Gracias, amigo, por tu lealtad y por hacer de mí una persona segura de sus convicciones.

María Liliana Carolo
Bailarina profesional
Autor 

Kronos y yo