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Acerca de María Liliana Carolo

«La bailarina que habla con los caballos» Bailarina profesional, docente de artes escénicas, escritora, titulada en Cuidado Manejo y Bienestar Equino.

A saber lo que piensa un caballo

Me giré para mirarte. Fue la última mirada que te eché antes de marchar. Quería retener un último instante, una imagen que se quedara conmigo. Tú me miraste también, aunque a veces es difícil saber lo que realmente piensa un caballo.

Aunque te conozca, haya dado lo mejor de mí y te haya sacado de tus angustias… a saber lo que piensa un caballo.

Es ese instante en que no sabes si girarte o no, si mirar o no. Pero lo hice. Porque nunca se sabe cuándo es la última vez. Aunque duela la incertidumbre, aún así lo hice.

Y te hice una foto. Quería inmortalizar tu mirada, tu energía, tu belleza. Sentí ese peso en el pecho, esa mezcla de sinsabor y lamento que duelen en las despedidas.

La luz del atardecer alumbraba tu cuadra.

Sabes que me fui, pero igual estoy. Sabes que me fui, pero que voy a volver. En realidad, no sé si lo sabes; o quizás sabes más que yo. Quién sabe si voy a volver… a saber lo que piensa un caballo.

Poema para mi poni

Camina el polvo dorado
por la marisma dormida,
y entre juncos y campanas,
una silueta distinta.

No es alazán de batalla,
ni corcel de doma altiva:
es un poni, dulce y firme,
que en su andar lleva la vida.

La Virgen, desde su trono
de oro, silencio y rocío,
ha mirado entre la gente
al que pidió con suspiros:

«Cuida de ellos, Señora,
de mi pequeño bendito,
y de todos los que llevan
en su lomo este destino».

Y la Virgen —que no olvida—
respondió sin voz ni grito:
lo puso en el cartel,
como se alza un suspiro.

Para que el mundo supiera
que el amor sin exigencias,
también es oído en cielo,
y bendecido en esta Tierra.

María Liliana Carolo


Las hadas

Mi hermoso Kronos, ¿por dónde se acercan a ti las hadas mientras yo duermo?
Las únicas hadas que conozco son las sílfides de Fokine, y no creo que existan otras. ¡Si Chopin supiera quiénes danzan al ritmo de sus partituras! Si comprendiera que sus preludios y nocturnos ya no son solo melodías de un pianista de salón.
Kronos, dime, ¿puedes oír las notas de Chopin como yo las oigo? ¿Ves tú a las hadas como yo las veo?
No sé, mi noble amigo, si las sílfides se enamoran de los poetas o si prefieren tus crines rojas y tu andar sereno. Tal vez ellas, como yo, no puedan resistirse a tu belleza y revolotean a tu lado porque encuentran en ti esa poesía ideal que las hace por siempre sublimes y eternas.

María Liliana Carolo
Bailarina profesional
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